La mujer denunció que su pareja no la dejaba salir de la casa ni comunicarse con su familia y que, cuando intentó retirarse, la golpeó y amenazó de muerte. Una mujer advirtió que desde la última vivienda del sector se escuchaban pedidos de ayuda. Con esa información, efectivos de la Comisaría 4° se dirigieron al lugar y, con la colaboración de vecinos de la zona, lograron identificar el domicilio.
Al llegar, los policías fueron atendidos por un hombre de 23 años, quien inicialmente manifestó que no ocurría nada fuera de lo normal. Sin embargo, durante la inspección del inmueble, los efectivos encontraron en el baño a una joven de 20 años, oriunda de Mendoza, que estaba llorando y necesitaba ayuda.
Ante los policías, la mujer relató que convivía con el hombre desde el 5 de octubre y que, durante esos días, él no le permitía abandonar la vivienda ni comunicarse con sus familiares. También denunció que esa misma mañana, cuando intentó retirarse, fue retenida y atacada físicamente con golpes de puño en el rostro y patadas en distintas partes del cuerpo.
En medio de la terrible situación de violencia, logró resguardarse en el baño y pedir auxilio a través de una ventana, un recurso que permitió que la situación llegara a oídos de los vecinos. La víctima fue trasladada a la dependencia policial para formalizar la denuncia penal, mientras que el hombre quedó detenido.
La intervención permitió poner a la joven a resguardo y dar inicio a las actuaciones correspondientes por los hechos denunciados, cuya investigación deberá establecer las responsabilidades penales. La asistencia continuó durante la noche. Cerca de las 23, personal del Municipio intervino para garantizarle alojamiento en un refugio y dispuso la participación del equipo psicológico.
De esta manera, el abordaje no se limitó a la actuación policial, sino que incorporó medidas de contención para que la mujer pudiera permanecer en un espacio protegido.
El caso vuelve a poner de relieve la importancia de dar aviso ante señales de violencia y pedidos de auxilio. Un llamado puede ser el primer paso para que una situación que ocurre puertas adentro sea detectada y para que una persona en riesgo acceda a protección. La intervención coordinada y la asistencia posterior resultan fundamentales para resguardar a las víctimas y evitar que queden expuestas nuevamente a situaciones de violencia.
